HOLA, SOY DAVE CASANOVA

¿Vuestro fotógrafo de boda?

Escoger un fotógrafo de boda es una de las decisiones más importantes que tomaréis para este día.

Ahora mismo, tendréis una lista inacabable de cosas que buscar y contratar para la boda, y todas os parecerán igual de relevantes: los vestidos, las flores, el cátering…

Sin embargo, cuando pasen los meses y los años, los recuerdos que os quedarán de ese día serán, precisamente, las fotografías de vuestra boda

Confiar en alguien para que guarde uno de los que será vuestro recuerdo más preciado es un gran paso y una gran decisión.

Suelo decir que, para conocerme, es mejor que veáis las fotografías que hago, ya que pueden contaros mucho más de mí que yo mismo…

… pero en esta página quiero hablaros un poco de quién soy y por qué hago lo que hago para que me conozcáis y sepáis si la persona que está detrás de esas imágenes 

es el fotógrafo que creará para vosotros el mejor recuerdo de vuestra boda.

Curiosamente, no empecé en el mundo de la fotografía de boda por vocación, sino por casualidades del destino.

A los 19 años, mi primo Diego me pidió si podía hacer las fotografías de su boda. Aunque esa primera incursión en el mundo de las bodas no fue muy memorable profesionalmente hablando, mi actitud le gustó a otros invitados y fueron contratándome para hacer de tanto en tanto alguna boda. 

En ese momento, para mí era una forma de hacer dinero para costear mi vida de estudiante en Salamanca, donde estaba cursando el primer año de la carrera de Bellas Artes.

No era algo que me apasionara, pero porque no había entendido qué era en verdad la fotografía de boda. Lo que yo conocía era lo que había visto en los escaparates de estudios que solo exponían fotografías de boda de posados. 

Fotografías frías, rígidas, sin vida.

Hay personas que no saben exactamente cuándo o por qué despertó su vocación.

Yo me acuerdo del lugar, de la fecha y el momento en el que me enamoré de la fotografía de boda. 

De la fotografía de boda de verdad.

 

 

Esta fotografía significa mucho para mí. Es del año 2011, en el segundo día del congreso BodaF organizado por UnionWep por primera vez en España.

(Este es justo el momento en el que me estoy muriendo por dentro por no soltar ninguna lagrimita, mientras Paco Gallego me habla y tras un final de día inesperado).

 

Por aquel entonces yo tenía 20 años y, aunque ya había hecho algunas bodas, BodaF fue para mí toda una revelación. Fue allí donde descubrí que se podía hacer una fotografía de boda mucho más íntima, más especial, de esas que son capaces de volverte a hacer revivir ese día.

Y donde descubrí que las fotografías de posados no eran la forma de plasmar un recuerdo tan único en fotografías. Al menos, no era la manera en la que yo quería dejar testimonio del amor que veía en las parejas que acompañaba.

Fueron tres días de ponencias que me permitieron conocer a grandísimos fotógrafos. Y, más importante, fue la experiencia que me llevó a querer convertirme en el profesional que soy ahora.

Un fotógrafo capaz de convertir instantes únicos en fotografías cercanas, naturales, emotivas… y llenas de vida.

Ya había descubierto mi vocación y mi misión.
Quedaba luchar por lo que ahora era mi sueño.

El principio fue duro. Yo seguía siendo un estudiante de carrera con recursos de un estudiante de carrera.

Pero yo tenía la idea muy clara en la cabeza y quería apostar por hacer este tipo de fotografía para las parejas que confiaran en mí para inmortalizar su boda.

El quinto año en Salamanca me presenté al concurso de Jóvenes Creadores, en el que gané el primer premio en Diseño Gráfico. Esto me permitió ir a la Feria de Boda en el Palacio de Congresos de Salamanca y montar mi propio stand para promocionar mi trabajo. 

Y, si bien en el primero conseguí cerrar pocas bodas, al año siguiente, cuando ya había realizado varios reportajes con mi propia visión de cómo debía de ser la fotografía de boda, logré tener una cola constante de gente interesada en mi trabajo.

Trabajar duro desde un principio me enseñó que siempre se puede mejorar, pero con una condición: hay que hacer siempre el máximo esfuerzo para así, poco a poco, ir avanzando a niveles que previamente no habíamos concebido.

Algo que se puede constatar en la evolución de esos primeros stands que monté cuando empecé a ser fotógrafo de boda profesional.

Hoy en día vivo de mi trabajo como fotógrafo de bodas, cuento con mi propio estudio de fotografía construido con mis manos y he tenido la suerte de poder formar parte y plasmar la historia de amor de cientos de parejas que creyeron en mí y en mi trabajo.

Ahora que me conocéis mi historia, contadme:

¿Me daréis el honor de contar la vuestra con mi cámara?