Fotografía de vida

Esta es mi primera entrada en este blog, y aunque me gustaría decir que he estado pensando muchísimo cómo sería esta primera entrada, la de bienvenida, la verdad es que lo he tenido bastante claro desde que la web estaba en construcción.

El once de Mayo estaba en la cafetería de la Facultad de Bellas artes de Salamanca desayunando con mi amiga Leire. Mientras nos poníamos un poco al día sonó mi teléfono y pude ver en la pantalla “Mamá”. Lo cogí y le dije que estaba con Leire y que la llamaba en quince minutos, pero me dijo que me esperase, que tenía que decirme ella una cosa a mí.

Esa mañana había ido al hospital porque tenía revisión rutinaria del embarazo, pero acabó siendo ingresada porque parecía que la pequeña Diana se había quedado sin sitio dentro de ella y se movía mucho, por lo que le iban a programar una cesárea. Culo inquieto antes de nacer… no sé a quién se parecerá…

Mi madre me dijo que ese día probablemente no le harían nada, que fuese con calma y que no corriese. Creo que no entendía que iba a ir en un Clio… y que por mucho que quisiese, no podría correr demasiado. Aún así, para que no se preocupase, tras hacer rápidamente las maletas me monté en el Clio y fui muy tranquilo, disfrutando de cada detalle del camino que me llevaría a ver nacer a mi deseada hermanita.

Admito que cuando llegué a Mérida y Diana ya había nacido me enfadé, me lo había perdido por apenas media hora. Pero realmente no hubiese podido estar en el quirófano, así que rápidamente se me pasó el enfado y mi prioridad se convirtió en tratar de convencer a todo enfermero, enfermera o celador que pudiese dejarme ver a mi hermanita o a mi madre, para hacerlo cuanto antes. El concepto “tienes que esperar” nunca me ha entrado muy bien en la cabeza, y en ese momento me parecía una verdadera blasfemia.

Recuerdo que cuando llegué al hospital a las dos primeras personas que vi esperando fueron mi tía María Jesús y mi prima Fátima, su hija, preguntándome si “ya la había visto”.  Roberto nos había enviado una fotografía con Diana por Whatsaap. No quería verla, no quería ver esa fotografía, quería ver a Diana por primera vez en persona.

Tras hora y media de espera por fin vimos aparecer tras las puertas a Roberto con la pequeña Diana. Era tan pequeña y tan grande a la vez, era increíble, mi hermana, ahí, delante mía. No me lo podía creer, y de hecho a día de hoy aún me cuesta asimilar que por fin tengo una hermana, que ya no estoy sólo. Tampoco quería tocarla, no quería siquiera acariciarla, quería que la primera vez que la tocase fuese para cogerla y poder sentirla en mis brazos.

No es poco habitual que me ponga un poco memo por ciertas cosas… pero no recuerdo ningún otro día en el que estuviese tan memo y tan embobado con nada. Era hermano, y no paraba de decírselo a todo aquel que estaba a mi lado.

Finalmente pude ir con Roberto a ver a mi madre, que aún estaba en recuperación. Ella decía que estaba fatal, pero pocas veces la he visto tan guapa. Fui a por algo para cenar y cuando llegué al hospital ya la habían bajado a su habitación, y con ello comenzaba la primera noche de Diana en este mundo.

Durante esa semana nos turnamos Roberto y yo para hacer guardia nocturna. Recuerdo que la primera noche que me quedé en el hospital no quería dormir, me pasé casi toda la noche al lado de la cuna, viéndola dormir y cogiéndola cuando lloraba. Me daba miedo dormirme por si se atragantaba y no era capaz de escucharla.

Tenía mucho trabajo en el aire, dos días antes de que naciese Diana había tenido una preciosa boda en Salamanca de la que había miles de fotografías que me decían “mírame” “mírame”, pero en el hospital poco podía hacer. Ni seleccionar fotografías de boda, ni revelarlas, ni montar los álbumes de cada boda, nada. Lo único que podía hacer era coger lápiz y papel para bocetear el posible logotipo de Recuerdos Cristalinos.

Tenía muy claro el nombre de esta nueva marca, Recuerdos Cristalinos, es justo lo que ofrezco. Tenía también muy claro que no quería poner nada más que pudiese hacer alusión directamente a “fotografía” como servicio, ni muchísimo menos se me pasó por la cabeza añadir “Estudio fotográfico”, trabajo como persona, no como empresa, no soy un estudio fotográfico, soy un guardián de recuerdos. Las categorías de “Fotógrafo de Boda” o “Fotografía de bodas” tampoco me gustaban, las veía muy frías y demasiado utilizadas, al igual que no le veía sentido ninguno a las categorías de “Wedding Photographer” ni “Wedding Photography”, categorías usadas en España hasta la saciedad en los últimos años por pura moda. Además, llamadme loco, pero creo que para ser Wedding Photographer de verdad, y no por moda, tienes que saber inglés, y si os soy sincero se me da muchísimo mejor hacer fotografías que los idiomas. Sabía perfectamente todo lo que no quería, pero mi cabeza no paraba de darle vueltas a otras opciones que pudiesen encajar mejor con Recuerdos Cristalinos.

Todas las dudas se disiparon con Diana, recuerdo mirarla y entender que no sólo había dejado de ser hijo único, sino que mi fotografía se iba a ver drásticamente influenciada por ella. Si sabía que la nueva marca iba a ser Recuerdos Cristalinos, Recuerdos Cristalinos iba a ser FOTOGRAFÍA DE VIDA.

Y antes de dejaros con las fotos que probablemente mejor puedan explicar el concepto de Fotografía de Vida, hago un pequeño inciso.

Para mí, toda aquella fotografía que pueda representar las ganas de vivir y la vida misma, los momentos importantes que merecen la pena ser recordados el día de mañana, la belleza de una madre gestando vida, la mirada de dos enamorados, el brillo de las lágrimas de emoción y la forma única de reír que tenemos cada uno de nosotros, es FOTOGRAFÍA DE VIDA.

Nace Diana y Fotografía de Vida01

Nace Diana y Fotografía de Vida03

Nace Diana y Fotografía de Vida04

Nace Diana y Fotografía de Vida05

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Nace Diana y Fotografía de Vida47

 

 

“Aprenderé a andar de nuevo para correr por ti…”

Dave Casanova

 

Nace Diana y Fotografía de Vida02

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