Día en familia. Nueva Zelanda

Hacía muchísimo que no actualizaba el blog. Ha sido un año muy “movidito”, tanto en lo profesional como en lo personal. ¡Pero no es momento de hablar de eso! Después de tanto tiempo sin escribir y sin publicar por estos lares, tenía que traeros algo muy especial. ¡Algo grande! Y para ello me he enfrentado una vez más a la gran tesitura de… de todos los reportajes de boda, con sus respectivas sesiones de preboda y postboda, de todas las fotografías de bebés y de no tan bebés, de todos los recuerdos que poco a poco voy guardando gracias a vosotros… ¿por cual empezar? Para el gran regreso al blog he decidido hacer una entrada un poco diferente a las demás que están por venir. Bajo estas líneas podréis ver algunas de las fotografías de Sean, Nicola, Huxley y Felix, la familia que me acogió durante cinco días en el final de mi aventura por Nueva Zelanda.

 

Que me enamoré de aquella increíble isla al borde del fin del mundo, que la luz y los colores son totalmente diferentes a todo lo que conocía hasta el momento y que volvería sin dudarlo ya os lo comentaré en una entrada específica de mi último gran viaje. Hoy quiero que veáis por qué, a miles y miles de kilómetros de mi casa y mis familiares, pude sentirme realmente en familia gracias a los Jones.

 

Admito que en el transcurso de las semanas que estuve en Nueva Zelanda, más de una vez me arrepentí de no llevar la mayor parte de mi equipo conmigo. Mis amados objetivos, mis cámaras “buenas” y “enteras” (sí, no os lo había dicho, todas estas fotografías están tomadas con una Canon 5D Mark II ROTA) estaban a buen resguardo en mi casa, en España. Aún así, no pudiendo hacer todo lo que quería, conseguí mucho más de lo que creía. Me vine de Nueva Zelanda con miles de recuerdos perfectamente guardados gracias a los últimos alientos de mi primera full frame. Y es que la verdad es que no necesitaba mucho más, sólo hacer lo que hago siempre… estar atento a mi entorno e intentar capturarlo sin intervenir en el mismo. A veces pienso lo que podría haber conseguido disponiendo de mi equipo habitual, cómo podría haber exprimido mucho más la mágica luz de los confines del mundo y haber jugado más con ella, pero… precisamente por eso mismo… por esa luz y esta increíble familia… no necesité nada más.

 

Si alguna vez os dejáis caer por Nueva Zelanda y pasáis por Twizel, el mejor sitio donde os podreís hospedar es Omahau Downs, la granja de Sean y Nicola, donde hicimos el reportaje.  Al principio  estaban un poco nerviosos (Huxley y Felix no… estaban todo el tiempo corriendo y saltando), me decían que no sabían qué tenían que hacer, pero Huxley y Felix nos demostraron a todos que aquello no era más que un juego. Sí que hay algunas fotografías ligeramente premeditadas, aunque obviamente con estos dos diablillos era todo impredecible, pero como siempre, mis fotografías preferidas, por luz y por la naturalidad del momento, son las del proceso. Mientras Huxley y Felix juegan, mientras Nicola ayuda a Huxley a ponerse los calcetines, cómo Felix “conduce” por la granja, cómo… bueno… mejor me callo… ¡que os hago spoiler!

 

Una de las cosas que más me ha gustado de esta nueva entrada es que me ha permitido jugar más que de costumbre y mostrar los recuerdos que guardo de aquel día de una forma más dinámica… ¿Cómo? Bueno… bajad tranquilamente y ya veréis…

 

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