Boda en Salamanca | Paco & Noelia (+ Cesar)

He de confesar que esta boda ha sido muy especial para mi. Tengo la suerte de poder decir que todas las parejas que me eligen para se el fotógrafo de su boda, el guardián de sus recuerdos, son increíbles. Y no, no es “peloteo” a mis clientes, es el resultado de saber en qué quiero enfocarme exactamente y en ser muy sincero desde un principio con qué hago, por qué lo hago, cómo lo hago, y qué no. Puede que así pierda a muchos posibles clientes por el camino, de hecho se a ciencia cierta que así es, pero así me aseguro de que si tanto los novios como yo queremos lo mismo, el día de la boda nos vamos a entender perfectamente, y eso se notará en cada fotografía.

A Paco, a Noelia y al pequeño César los conocí en la Feria de la Boda del Palacio de congresos. Aquel fin de semana fue una verdadera locura, hablé prácticamente con cincuenta parejas, pero recuerdo perfectamente el hablar con ellos mientras César intentaba corretear por el stand, al igual que recuerdo que nos entendimos perfectamente.

Más adelante, cuando quedamos para hacer el preboda mientras hacíamos una ruta de senderísmo en la Peña de Francia, Paco me dijo una de las cosas que más me gusta oir. Cuando me conocieron tuvieron muy claro que el fotógrafo de su boda tenía que ser yo, no sólo por lo que les había gustado mucho la naturalidad de mis fotografías, sino porque les había gustado cómo era yo.

No exagero al decir que ha sido una de las bodas más bonitas en las que he tenido el lujo de trabajar, aunque reconozco que mi opinión no es precisamente neutral. Como digo, fue una boda muy especial para mi. A fin de cuentas, llevé a Paco al Hotel para que se preparase y acabé subiendo la cremallera del vestido de Noelia en un breve instante de tensión, por lo que, entre otras cosas, me sentí uno más de la boda.

También recuerdo como si hubiese sido ayer aquella llamada de Noelia a primera hora de la mañana, diciéndome que no fuese a la peluquería, que sólo le iban a lavar el pelo y que fuese mientras con Paco y Cesar, que ella tenía que ir al chino a comprar unas cosas para hacer una pequeña sorpresa para los niños. Al chino, el día de la boda, con los rulos, PARA HACER UNA SORPRESA PARA LOS NIÑOS. Sé que no hace falta decir nada más de esta boda, pero os contaré algún pequeño detalle más antes de dejaros con algunas de las fotografías de esta increíble pareja de tres.

La sorpresa consistía en hacer unos pequeños globos aerostáticos en los que escribirían los nombres de cada pequeño invitado a la boda. Me encanta, hasta un punto que no sabría describir, el hecho de que a escasas horas de la boda su prioridad fuese tener un detalle más con los niños.

Cuando llegó la hora de ir al Hotel, había que pasar a recogerlos globos, por lo que fui con Paco a recogerlos y fuimos al Hotel. ¡Llegó la hora de prepararse! O al menos de hacerlo por relevos, ya que el pequeños César estaba de por Medio.

De las fotografías de la preparación poco puedo decir que no digan por sí mismas. Así que sólo explicaré una de las fotografías que más me gusta, Noelia pasándose las planchas del pelo nada más irse la peluquera de la habitación. De poco servía que todos le dijésemos que estaba perfecta, que el pelo le bajaría conforme fuese pasando el tiempo, ella sabía lo que quería y cómo quería casarse. No se lo pensó dos veces, ni le tembló lo más mínimo el pulso. Como podréis ver en la fotografía, su cara de plenitud lo dice todo.

Otra de las particularidades de esta boda fue el oficiante de la ceremonia. Nada más y nada menos que el mismísimo padre de Noelia, que no conforme con ser el padrino y llevar a su hija al altar, también guió la ceremonia. Decir “ceremonia íntima” o “ceremonia personal” es quedarse corto.

Tras el breve momento de rebeldía en el que César no quería soltar los anillos por nada del mundo, Paco y Noelia se dieron un rápido pero rotundo sí quiero, ¡ahora tocaba celebrarlo!

La celebración se llevó a cabo en el Hotel Hospes Palacio de San Esteban, con un cocktel en los jardines y la cena y el baile en uno de los salones. Otro pequeño detalle. Aquel día cené mientras emitían Juego de Tronos en una de las pantallas del Hotel.

Tras la cena, como es normal, los novios abrieron el baile con un bals. Aunque creo que lo más interesante sucedió justo después. ¿El qué? ¡Te dejo con las fotografías para que lo averigües!

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