novia en su bicicleta en olomouc

¿Cómo es una Boda en República Checa? | K & H

Pues esto es básicamente lo que pasa cuando me cambian el país y hago una boda en República Checa… Que no sólo cambian sus localizaciones y escenarios, sino que cambian, o mejor dicho, conozco, nuevas costumbres, nuevos rasgos, y una luz totalmente diferente.

 

Esta es una de las bodas más especiales que he vivido. No sólo por el hecho de ser la primera que he cubierto fuera de España, y con ello, fuera de mi zona de confort, sino por ser totalmente diferente a todo lo que había realizado hasta ahora. Y es que, aunque tampoco haya un choque cultural inmenso entre la República Checa y España, sí que ciertas partes del día se desarrollaron de una forma ligeramente diferente a como estamos, o estoy, acostumbrados a ver las bodas en España.

 

Para empezar, aunque hizo un día muy soleado, que bien podría recordar a cualquier día del verano español, la luz es distinta, y es esa luz la que creo que le da un toque diferente a todas las fotografías que podéis ver debajo de estas líneas. Por cierto, amo la luz de la República Checa.

 

De todos modos, y aunque no os quiero hacer spoiler de todo lo que pasó, la verdad es que fue una boda tan increíble y preciosa como íntima y familiar, y no puedo no haceros un pequeño resumen para poneros en contexto.

 

Empezaron a prepararse en su propia casa, en un salón amplio, diáfano, y súper luminoso con vistas a la plaza mayor de Olomouc, donde Kristýna se maquilló a sí misma y donde su amiga Zuzka la peinó. Fue una mañana distendida que pasó rápido entre los últimos preparativos, risas, alguna que otra lágrima, muchos koláčky s tvarohem, unos pasteles caseros que tradicionalmente reparten los novios la semana antes de la boda a sus conocidos, y, como no podía faltar para calmar un poco los nervios, unos chupitos de Jelzin. un licor tradicional de República Checa, momentos antes de salir junto con sus damas de honor en bici rumbo a Konvikt, el jardín donde se casaron.

 

Cuando llegamos a Konvikt me sorprendió bastante ver cómo Honza esperaba en el altar, sólo, totalmente apartado de todos sus familiares y amigos, los cuales estaban en la entrada esperando la llegada de Kristýna. Otra de las cosas que me sorprendió, y que aunque puede parecer una bobada, creo que no lo es para nada, es lo bien que se organizaron los invitados para recibir la llegada de los novios formando un pasillo perfecto… ¡Sin móviles! (bueno, uno) ¡Sin nadie de por medio! Algo que para ellos es era lo más normal, y que yo no podía creer.

 

De la ceremonia poco puedo contaros, ya que, como os imaginaréis, no comprendí prácticamente nada de lo que dijeron, lo cual, no significa exactamente que no entendiese lo que sucedió allí. Una vez más, me sorprende, y para bien, ver cómo a veces no es necesario conocer un idioma para entender. Que a veces las palabras se quedan cortas, y que, como describe Paulo Cohelo en su afamado libro ¨El Alquimista”, existe un lenguaje universal que no entiende de idiomas y que puede ser entendido en cualquier país por cualquier persona, un lenguaje del mundo. Aunque no os voy a mentir, durante el banquete hicieron un Quiz y ahí sí que no me enteré de nada. El resto del día, como podéis ver bajo estas últimas líneas, fue una gran fiesta.

 

Para finalizar, tengo que reconocer que cuando leí por primera vez “El Alquimista”, no terminé de creer del todo este concepto, pero ahora puedo dar fe de que el lenguaje del mundo existe, y es precioso.

 

Dave Casanova

 

 

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